Había un rostro en ese espejo, no lo olvido.
Estaba pintado de blanco marfil.
-¿Se acabó aquel tiempo en el que se corría debajo de las estrellas?, le pregunté.
Bastó sólo una palabra para matar el dolor, terminar de morir y entregarse al adiós.
Sabía que la imperfección de las emociones se basa en la nada,
Tomó una de tantas y la incrusto en su pecho.
-¿Acaso algún día pasara el invierno?, me preguntó.
Bastó sólo una palabra para llegar al final, para olvidarse de todo y prometerse en vano un inicio.
Había una muñeca de trapo, lo recuerdo.
Estaba descocida y sin botones,
-¿Pareció en algún momento un juego? , le pregunté.
Bastó sólo una palabra para convertir las lágrimas en entretenimiento, resignarse al recuerdo y dedicarse a vivir lejos.
Insistió tanto en el pasado que cada minuto del presente que venía se le olvidaba,
Intentó vaciar la llenura de aquel sentimiento que había evolucionado, pero no pudo.
-¿Crees que merecía quedarme fuera?, me preguntó.
Bastó sólo una palabra para retomar la desilusión, callar de nuevo y dejarse en silencio.
Se armó de valor,
Tomó la palabra desde la punta de su lengua y la hizo girar por la nostalgia.
La enganchó con mis pestañas por el medio, la doblo por la mitad y la palabra crujió,
Parecía querer arrebatar la sílaba más cristalina entre murmullos.
Borro la aridez de aquella expresión inconclusa pidiéndome una leve sonrisa,
-Bastaba solo decir sí...
MVirgMB
"No hay puertas —dice Octavio Paz—, hay espejos".
Se regresa de uno mismo a uno mismo".
Alguna vez, frente a frente yo mismo,
se deshizo mi rostro en el espejo;
¿eras mi propio rostro, ese helado reflejo de la muerte?
Se pregunta a la vida y contesta; la muerte.
Pero la muerte no contesta".







